Casa Gerardo: Destino imprescindible para los amantes de la fabada en Asturias
- Jose Sol
- hace 5 días
- 5 min de lectura
Una lección de hospitalidad y alta gastronomía en Asturias
El pasado 22 de julio, en uno de esos viajes relámpago a España por trabajo que tanto disfruto y que me mantienen conectado con las raíces de nuestro producto, aterricé en Bilbao. Tenía por delante una jornada intensa de carretera: recoger en Santander a mi cliente y buen amigo Isaac Cabañas, CEO de Iberko en Corea del Sur, para poner rumbo a Galicia. Un trayecto largo pero idóneo para hablar de negocio, de mercado y de la vida.

Aconsejado por mi gran amigo Javier Fernández Hidalgo, director y dueño de Hispania (London, Bruselas, Vietnam) decidimos hacer la parada de avitallamiento en Casa Gerardo (Prendes, Asturias). Tenía muchísimas ganas de visitar esta auténtica institución gastronómica. Hablamos de una casa fundada en 1882 y regentada hoy por Pedro y Marcos Morán, cuarta y quinta generación de una familia que custodia la receta milagrosa de una fabada única por su calidad, sabor y finura.
Mantener una estrella Michelin de forma consecutiva durante de 35 años no es casualidad ni fruto de una tendencia efímera. Es trabajo, coherencia y un respeto absoluto por el oficio.
El arte de hacerte sentir en casa
Ubicado en un antiguo edificio restaurado pero dotado de todas las comodidades y servicios de un restaurante contemporáneo, Casa Gerardo combina la nobleza de la arquitectura tradicional asturiana con el estándar de servicio que exige la alta restauración moderna.
A nuestra llegada nos recibió Nicolás, cuñado de Marcos Morán. Fue un momento muy especial: aunque no nos conocíamos personalmente, nuestra relación a través de las redes sociales se remontaba a varios años atrás. Es la magia de este sector: cuando la afinidad profesional y la pasión por el producto son reales, el primer abrazo parece el de dos viejos conocidos.
Nos acomodaron en una mesa impecable en el comedor de la primera planta, junto a uno de los grandes ventanales. La vista al relieve y a la vegetación de la montaña asturiana te arropa de inmediato; es ese paisaje verde y sereno que te predispone a disfrutar sin prisa.
Agradecimos enormemente que nos indicaran que el propio chef Marcos Morán nos había diseñado un menú sugerido, porque adentrarse en su carta es una tentación donde resulta fácil perderse. La puesta en escena estaba a la altura de las grandes casas: mantelería con empaque, cristalería brillante y una vajilla y cubertería de diseño elegidas al milímetro para acompañar el relato de cada plato.

Un viaje de sabores, historia y el toque magistral en la sumillería
El servicio de bodega estuvo impecablemente guiado por Antonio, el sommelier del restaurante, quien nos atendió con un conocimiento enciclopédico y un trato exquisito durante toda la comida.
Iniciamos la propuesta abriendo un Val do Galir 2025, un vino blanco de color amarillo verdoso brillante, con una nariz mineral y cítrica muy limpia, y una boca sedosa a la par que vibrante. El maridaje perfecto que Antonio nos sirvió para empezar a despertar el paladar.
Los aperitivos llegaron como la marca de la casa que son:
Crujientes con quesos asturianos: Un clásico irresistible que me hizo especial ilusión probar en su casa madre, ya que los he disfrutado en muchas ocasiones en el restaurante Hispania de Londres, donde Marcos Morán ejerce como Director Culinario.
Croquetas de compango: Sencillamente únicas por su cremosidad y por esa potencia equilibrada de sabor asturiano.
A partir de ahí, cada pase que llegaba a la mesa traía consigo una historia vinculada a la familia Morán, al respeto a la materia prima y al paisaje norteño. La suavidad del chipirón o la elegancia de la crema de nécoras fueron construyendo una experiencia ascendente.
Especial mención merece la merluza con vinagreta de manzana, tomate y calabacín, un plato de firma creado por Pedro Morán que es un ejercicio magistral de sutileza: equilibrado, fresco y con el punto de cocción exacto. Mencionar también un cogollo a la crema que me sorprendió gratamente por la complejidad que son capaces de extraerle a un ingrediente aparentemente humilde.

La reina de las fabadas y la leyenda del arroz con leche
Todo este itinerario nos condujo de forma natural hacia el momento culminante. La fabada de Casa Gerardo es un capítulo aparte. Se nota el mimo extremo con el que ha sido concebida: cocinada con fabas frescas que literalmente se deshacen en la boca, con un compango seleccionado en su justa medida y un proceso de desengrasado quirúrgico que la vuelve fina, ligera y de una digestibilidad asombrosa.
He probado muchas fabadas a lo largo de los años, pero es ahora, mientras escribo estas líneas, cuando vuelvo a salivar recordando la que es, sin duda para mí, la mejor fabada asturiana. Fue tal el disfrute que, cuando nos ofrecieron repetir, no lo dudé un segundo y me di el gustazo.
Para acompañar este hito gastronómico, Antonio nos sirvió un Contino Reserva Cosecha 2021 (DOCa Rioja), un vino con estructura, elegancia y la madurez necesaria para potenciar la profundidad del plato.
Llegados a este punto, era imposible levantarnos de la mesa sin dar buena cuenta de su famoso arroz con leche. Otra leyenda viva de la gastronomía española: una capa crujiente y caramelizada al fuego que da paso a una textura cremosa y nada empalagosa. Un postre que enamora.

Lecciones de alta hospitalidad
Más allá del disfrute culinario, salir de Casa Gerardo deja una reflexión profunda sobre nuestro sector. En una época en la que a veces se abusa del artificio, volver a un restaurante de "estrella Michelin de las de antes" reconforta.
Hablo de esa alta gastronomía donde se valora cada elemento del conjunto: desde el peso del mantel hasta el criterio de la bodega de vinos atendida por profesionales como Antonio, pasando por el calor de un equipo de sala con Nicolás a la cabeza que te atiende con profesionalidad absoluta pero sin rigideces artificiales.
Mi enhorabuena a Pedro, a Marcos, a Nicolás, a Antonio y a todo el magnífico equipo de Casa Gerardo por mantener encendida la llama de la excelencia y el amor por las cosas bien hechas. Una experiencia imprescindible que recomiendo a cualquier amante del buen comer y de la auténtica hospitalidad.
Más información
Sitio web: https://restaurantecasagerardo.es/
Dirección: AS-19, km 9, 33438 Prendes, Asturias, España
Reseñas de Google: 4,6 sobre 5 (1440 reseñas 31/07/2026)
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